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sábado, 15 de febrero de 2020

sábado imposible

lo idílico de despertarse una mañana antes de tiempo debido al esclavismo tatuado en tu cerebro del diario; la lectura interrupta de la mañana por los gritos teatralizados y las onomatopeyas sonoras y catódicas; la grasa y el azúcar, el mármol y el azulejo, la porcelana y el petróleo, el perfume y el salfumán que pueblan tu cocina; el triunfo del capitalismo dibujado al mismo tiempo en dos zapatillas, las converse hechas pedazos que por fin me aventuro a tirar a la basura y las trendy de startup que descubro nuevas años después en el hueco de la escalera; deslizarse por los pasillos del super a ritmo de piano sin pensar que el camino de regreso a casa puede ser para siempre y costarme la vida; el sol de invierno sobre la franela usada, la crema de cara en el pecho, la estampa familiar idílica que deja la felicidad que pudieras creer haber rozado alguna vez tan lejos que ni siquiera es un jodido grano de cuarzo en el desierto; la siesta con luz natural, las revistas de tendencias y las magdalenas caseras, todo oliendo a café recién exprimido.

solo son las seis. pero es sábado.

y todo es tan perfecto, como siempre dentro de tu rutina, que nunca lo dirías posible

sábado, 25 de enero de 2020

salida de emergencia

ven, túmbate aquí en el suelo, a mi lado, y deja que el humo suba hasta el techo, que se acumule en los altos de la habitación mientras nosotros, desde aquí, nuestro rincón, vemos aproximarse el fuego.

viernes, 6 de diciembre de 2019

primeras lluvias

solo faltaría que lloviese un poco ahí fuera para terminar de convencerme de que, escondido bajo la manta blanca del salón y protegido por mi libro y por mi café y por la chimenea aún apagada de la pared, es la mañana perfecta aunque todavía esté esperando verte aparecer con el pelo alborotado y los ojos negros limpios de rímel y tenga que decirte que me beses, que me gusta tu piel caliente a primera hora cuando es toda para mí, aunque solo sean unos minutos, unos segundos, un leve roce de hola y adiós aquí estoy pero tampoco mucho y me dejes ahí sentado, en el sillón que tuvimos que comprar tantas veces, tratando de creérmelo todo y de decir que sí, que al final lo conseguimos y que la hierba del campus de ciencias aún recuerda nuestro esplendor

puedo esperarte aquí cada mañana si quieres, aunque no termine de empezar a llover

domingo, 20 de octubre de 2019

1 2 3 4 Fin de la Historia

He vuelto a ver amanecer esta mañana, de libro en libro, camino de Marte. La desgracia del maleficio preparándome el café cada día en una casa dormida. La ansiedad, al otro lado del cristal, transformada en lluvia de octubre.

Puedo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Tombuctú

Este año, en el tradicional juego del amigo invisible que cada año celebramos tras la comida familiar en la casa del pueblo de mi familia política, me había tocado Suna Sun como sujeto a regalar. Fácil. Elegir el regalo no fue el problema (un grabado de Laffón, un artista francés que vive en el país vasco y que va de feria en feria vendiendo su obra y que nos encanta) sino mantener el secreto de que ella era mi amiga invisible. Vivo con María y mantener un secreto nunca fue uno de mis fuertes. Elegí a su tío como falso destinatario de mi regalo de cara a sus preguntas. He mantenido el tipo más o menos bien, sorteando su cuestionario acerca del tema como he podido. Esta mañana, justo antes de irnos y mientras hojeábamos el catálogo de Ikea bajo una manta gris, caliente y algo roída por el tiempo que lleva entre nuestras piernas, me ha preguntado qué libro le había comprado finalmente a su tío (suelo regalar libros siempre que el destinatario lo merece y lo soporta). Sin tiempo para pensar, le he respondido "Tombuctú" de Paul Auster, pues es el último que me he comprado, hace apenas un mes, en la feria de libros usados de la Plaza Nueva. Llevaba varios meses detrás de la edición de Anagrama pues Auster ha cambiado de manos y ahora lo lleva Booket, y teniendo casi todos en la editorial de Herralde, y siendo como soy completista, no quería quedarme sin él (lo encontré en el stand de la librería Boteros, en la cual jamás he conseguido entrar pues siempre que tengo un rato y me acerco, está cerrada y me tengo que conformar con ver a través del cristal antirrobo sus estanterías de suelo a pared y su sillón de lectura ajado). Se ha quedado muy callada. Después ducha, ropa, baño niños, vestir niños, carretera, bienvenida, risas, comida, mazapanes caseros y, por fin, reparto de regalos. Y ahí ha llegado el giro de tuerca austeriano. Cuando el miniyo2 me ha acercado el regalo que mi amiga invisible me había regalado, no he podido más que sonreir cuando al abrir la envoltura de papel marrón de la FNAC, me he encontrado con un ejemplar de "Tombuctú" de Paul Auster en mis manos.
Auster, maldito bastardo, sé que has orquestado todo esto desde tu despacho de Brooklyn. Me pregunto si no soy yo uno más de tus personajes y el azar que ronda mi vida desde que tengo uso de razón no surge del universo sino de tu estilográfica goteante. Te odio.